“El caso Alcàsser” en Netflix

Uno de los casos que más impacto han causado en la historia negra más reciente de España ha sido el llamado “Caso Alcàsser” (o “Caso Alcácer” para los que nos hemos criado en la comarca y que vivimos aquellos días con especial intensidad). Quizás, en otro país, el “Caso Alcàsser” habría dado para varias películas, libros, documentales y series; sin embargo, en un país como España en el que productoras y directores de cine y televisión están más preocupados por la Guerra Civil y otros productos de dudosa calidad “humorística”, aquellos hechos que tanto marcaron a la sociedad española de los noventa parece que han quedado en el olvido. Sí, un olvido probablemente intencionado, pero no solo por la marca que dejaron en la memoria de nuestro país unos hechos terribles, sino también por la vergüenza colectiva que nos dejó un caso que inauguró la entrada oficial en España de la “televisión basura”.

Caso Alcàsser

Sin embargo, veinticinco años después, el caso vuelve a nuestra memoria de la mano de Netflix con una serie documental de varios capítulos que anoche mismo me vi del tirón porque, realmente, engancha, por lo que la recomiendo especialmente.

El caso Alcàsser (que es el título que lleva el documental de Netflix) huye totalmente del morbo que ha despertado el caso durante décadas, durante las cuales hemos escuchado las teorías más enrevesadas e imposibles, para centrarse en la mera y simple descripción de los hechos de forma realmente objetiva, lo cual se agradece y permite, con la perspectiva de los años, contemplar y entender lo que ocurrió en todo aquel asunto.

El documental hace un exhaustivo repaso por el comportamiento de los medios de comunicación durante aquellos días y durante los años posteriores, los cuales dieron rienda suelta al lado más morboso y primitivo del ser humano, dando pábulo a los disparates más insospechados que la gente se fue tragando sin más. Al mismo tiempo, el documental de Netflix va confrontando aquellas “disparatadas” teorías con los mismos autores que las crearon para demostrar, en sus propias caras, la falacia de de aquellas teorías de lo más absurdo.

Igualmente, el documental de Netflix nos muestra imágenes inéditas del juicio a Miguel Ricart y que los medios de comunicación hurtaron a los espectadores porque, sencillamente, no vendían una “teoría de la conspiración” que emponzoñó a buena parte de la opinión pública, ávida siempre de este tipo de teorías.

Un excelente trabajo dirigido por Elías León Siminiani que nos sitúa frente al espejo de una condición humana tan fácilmente manipulable por unos medios de comunicación sin apenas escrúpulos (por no decir ninguno), lo que pudimos comprobar de primera mano quienes vivimos aquellos días de vergüenza, miseria e indigencia intelectual.

Y, a modo de conclusión (y como reflexión personal), me doy cuenta de que hemos tenido que esperar veinticinco años a que llegara una de esas plataformas de pago como Netflix (tan denostadas en su momento por las llamadas “televisiones generalistas”) para que podamos ver productos de verdadera calidad. Quizás los Netflix, los Amazon, los HBO y similares han llegado para sacar los colores a unas grandes cadenas de televisión en abierto cuyo producto principal es “la mierda” envuelta en horas de publicidad. Efectivamente, quizás el “miedo” a esas nuevas plataformas radique en el hecho de que dan cabida a directores y productores independientes sin apellido “famoso”, pero que saben hacer bien su trabajo y que no dependen de la opinión de un puñado de directivos acostumbrados a vendernos la misma mierda de siempre.


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