“El gran carnaval” y el papel de la prensa

Mientras escribía una anterior entrada sobre la serie documental de Netflix El caso Alcàsser, me vino a la cabeza una de las joyas del cine negro que dirigiera un irreconocible Billy Wilder, la cual versaba, precisamente, sobre el papel de la prensa en este tipo de casos: El gran carnaval.

El gran carnaval

Escrita, dirigida y producida por Wilder, esta película de 1951, cuyo título original era el de Ace in the Hole, bucea en la degradación que el ser humano puede llegar a alcanzar y que tan solo el cine y la novela negros son capaces de mostrarnos como si de un espejo se tratara.

Lo que la película de Wilder pone ante nuestros ojos es algo que, no por desconocido, nos sorprende una y otra vez cada vez que ocurre, de lo cual, querámoslo aceptar o no, somos partícipes empujados por unos medios de comunicación que se retroalimentan de nuestra implacable y morbosa curiosidad innata. Efectivamente, cada año, más o menos, los medios de comunicación entran en nuestras casas con algún drama, suceso o “historia humana” (como también las suelen llamar) que nos congrega ante el televisor, lo cual no dejaría de ser “información” si no fuera más allá.

Resulta obvio que los medios de comunicación tienen como misión informarnos, y, precisamente, ese es su papel cuando se produce algún suceso que nos impacta como seres humanos que somos. Sin embargo, cuando la cosa se alarga días, semanas o, incluso meses, algunos de esos medios comienzan a transformar lo que debiera ser estrictamente “información” en “espectáculo”. A partir de entonces, asistimos a “especiales informativos”, mesas llenas de tertulianos “expertos” en todo y conocedores de nada, y a constantes conexiones en directo al “lugar de la tragedia” de turno que, la mayoría de las veces, resultan totalmente innecesarias y con las que solo se pretende mantener viva la expectación en el espectáculo.

Eso es precisamente lo que la película de Wilder nos muestra y critica de forma descarnada, algo que, a pesar de haber sido tantas veces criticado, se repite una y otra vez hasta la saciedad a lo largo de los años. No es necesario mencionar los cientos de casos en lo que las situaciones descritas en El gran carnaval se han reproducido hasta la náusea (por no hablar de las veces que se repetirán en el futuro), disfrazando el más puro espectáculo de supuesto “periodismo”; unas situaciones en las que Wilder nos coloca en la trastienda de la “noticia” para mostrarnos lo que realmente hay detrás de ello: la ambición profesional de algún que otro “periodista” y el nudo y puro negocio.

Interpretada por el infalible Kirk Douglas, El gran carnaval es una de esas películas que despiertan conciencias (como es el caso de La jauría humana, de Arthur Penn) y que, sin embargo, hoy escasean frente a la dictadura de lo “políticamente correcto”. Un título imprescindible del cine negro que, sin duda, tras visionarlo, nos hará comprender mejor los intereses que hay detrás de esos “grandes casos” mediáticos que tanto nos han impactado y de los que, en el futuro, con toda seguridad también lo harán.


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