La película del verano: “La ventana indiscreta”

Todos tenemos alguna película fetiche, e, incluso, alguna tenemos por ahí para determinadas épocas del año. Yo, por ejemplo, en septiembre tengo como película de cabecera Pero… ¿quién mató a Harry?; en noviembre El exorcista; y, en verano, La ventana indiscreta. Supongo que son cosas del cerebro y de las sensaciones que nos transmiten esos títulos, e imagino que a muchos de vosotros os ocurrirá lo mismo.

La ventana indiscreta

Tampoco hay que ser especialmente hábil para adivinar el motivo por el que esta obra maestra de Hitchcock me trae recuerdos del verano, especialmente cuando hablamos de esas calurosas y pegajosas noches de agosto en la ciudad, con las ventanas abiertas, por entre las cuales se cuelan los sonidos de la vida que se desarrolla en la calle. Aunque, también es cierto, hoy esas sensaciones propias del verano urbano han quedado bastante disminuidas por culpa del aire acondicionado (bendito aire acondicionado).

Efectivamente; recuerdo aquellos veranos de ventanas abiertas en los que el calor anulaba buena parte de nuestra privacidad, cuando la única forma de combatir el sofocante calor era a base de abanico, ventilador y, por supuesto, ventanas abiertas de par en par. Los secretos más inconfesables de la decoración hogareña de nuestros vecinos quedaba al descubierto, así como la vida nocturna del vecindario que se desarrollaba en los balcones; algo que Alfred Hitchcock plasmó a la perfección en su película de 1954.

La ventana indiscreta (Rear Window) está basada en el relato de Cornell Woolrich, de 1942, It Had to Be Murder, desarrollándose la historia íntegramente en un concurrido patio de vecinos en el que un crimen presenciado por L. B. Jefferies (James Stewart) hace pivotar toda la historia; si bien, inicialmente sí se rodó una de las escenas fuera de ese escenario, aunque, finalmente, Hitchcock la eliminó porque ello podría distraer la atención del espectador con ese fugaz cambio de escenario.

Magistralmente interpretada por un enorme James Stewart, así como por una impresionante Grace Kelly en el papel de Lisa Carol, no podemos olvidar tampoco a un imprescindible Raymond Burr que, aunque haciendo de “malo”, siempre que lo veo no puedo evitar recordar a Perry Mason (dicen las malas lenguas que Hitchcock pensó en Burr por su parecido con el productor de cine David O Selznick, con el que había tenido algún que otro roce).

Ahora que aprieta el calor, esta película resulta imprescindible para sobrellevarlo lo mejor que podamos. Un título en el que cada fotograma está lleno de detalles ocultos, como lo están los balcones y ventanas de nuestros vecinos que, abiertos de par en par (con el permiso de los aires acondicionados), nos muestran de forma furtiva los secretos que celosamente guarda el invierno.


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