El extraño caso de Enid Blyton

Todos los que ya tenemos una edad (o, al menos, la mayoría) habremos leído en nuestra infancia algo de la escritora británica Enid Blyton, y, fundamentalmente, de los Cinco: Los Cinco se escapan, Los Cinco se ven en apuros, Los Cinco en peligro, Los Cinco han de resolver un enigma, …; y así hasta un total de veintiún títulos que tienen como protagonistas a estos cinco chicos británicos nacidos de la imaginación de esta escritora victoriana.

Enid Blyton

Hasta ahí todo bien: aventuras juveniles aptas para todos los públicos; misterios de lo más inocentes que esta pandilla de amigos han de resolver; diversión, amistad, compañerismo y solidaridad a partes iguales en una serie de historias que se desarrollaban en unas vacaciones infinitas que hacían nuestras delicias infantiles. Para nuestras pueriles mentes no eran más que un grupo de amigos que se divertían, lo pasaban bien y, de paso, resolvían misterios en un puritano imaginario nacido en lo más profundo de la época victoriana. Sin duda, la lectura ideal para los niños.

Así las cosas, hasta hace unos días, cualquiera hubiese puesto en el fuego por Enid Blyton como la canguro ideal: una venerable señora británica rodeada de pequeños infantes, todos congregados alrededor del calor del hogar de una acogedora chimenea, mientras, boquiabiertos, escuchan las historias y aventuras que, con la voz reposada, una maternal Enid Blyton les relataría. Sí; una bucólica escena que, sin embargo, en las últimas semanas se ha deslavazado como un pelele de trapo barato girando en el interior de una lavadora a noventa grados.

Al parecer, todo comenzó cuando la Real Casa de la Moneda británica (The Royal Mint) decidió acuñar una moneda con su efigie para celebrar su efeméride el 28 de noviembre de 2018. Sin embargo, aquel aparentemente merecido homenaje se paró, quedando en el olvido hasta hace unos días, cuando los medios de comunicación desvelaron los motivos reales de aquel abortado homenaje numismático: racismo, machismo, homofobia y plagio parecen estar detrás de ese frenazo.

Efectivamente, la que por muchos ha sido considerada como la J. K. Rowling de la posguerra británica, ha encendido en el Reino Unido una polémica entre sus más acérrimos defensores y los acerados críticos hacia la figura de Enid Blyton, acusándola, estos últimos, de racista, machista, homófoba y de haber plagiado buena parte de su obra.

Los Cinco

La verdad, si repasamos su bibliografía, sí que podemos adivinar algunos rasgos de la que la acusan sus críticos: los extranjeros siempre son malos y ladrones; las niñas son siempre hogareñas y se ocupan exclusivamente de ese tipo de tareas (excepto Jorgina, uno de los personajes femeninos de los Cinco que destaca frente a las demás chicas porque Enid Blyton la dibuja como un marimacho, llamándola de hecho “Jorge” el resto de sus compañeros); y las pieles oscuras no son especialmente recomendables en su bibliografía (como es el caso de The Little Black Doll, en la que Sambo, la protagonista, es una muñeca negra a la que su dueño y el resto de juguetes la desprecian por su “cara fea y negra”, la cual es solo aceptada cuando un chaparrón “limpia” su color). Sin embargo, como bien apuntan sus defensores, hay que contextualizar a la autora en la mentalidad de su época, por lo que, efectivamente, no sería justo juzgarla de acuerdo a los cánones de la sociedad actual, sino en la de la puritana sociedad victoriana de la época en la que nació, se educó y vivió.

Si dejáramos la cuestión en una mera discusión sobre contextualización histórica, la cosa no debería haber ido a mayores y, ciertamente, Enid Blyton podría haber tenido su moneda conmemorativa. Sin embargo, al tiempo que estas discusiones se han ido desarrollando, en los medios de comunicación han ido surgiendo informaciones acerca de su vida más oscura que, desde luego, han ensombrecido la imagen que, durante décadas, hemos tenido de la escritora británica. Así, se la acusa de haber coqueteado con el nazismo, de ser una alcohólica redomada, de haber sido una mujer excesivamente “libertina” y, lo peor, de haber sido una madre ausente y cruel con sus hijas. Obviamente, todo ello ha dejado la imagen y reputación de Enid Blyton por los suelos, lo cual explicaría, la marcha atrás por parte de la Real Casa de la Moneda británica.

Sea como fuere, lo cierto es que la escritora británica se ha quedado sin su moneda conmemorativa, quedando en entredicho su moral (lo cual debería ser lo de menos) y su obra (lo cual sí que es una cuestión mollar), ya que, en este último caso, los críticos se preguntan cómo pudo haber escrito más de setecientas obras en toda su vida si no fue copiando o plagiando, a lo que, desde luego, habría ayudado bastante el que su marido, Hugh Alexander Pollock, y ella tuvieran una editorial (ya sabemos cómo funciona esto: la editorial recibe manuscritos de autores desconocidos y… una cosa lleva a la otra).

En fin, si conservas alguna de las novelas de Enid Blyton, seguro que, cuando revises tu estantería, ya no la verás con los mimos ojos inocentes de tu infancia. Quizás, ahora, te preguntes más por los misterios que encerraba la vida privada de la autora que por los de la propia novela de misterio que, supuestamente, ella escribió.


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