John Wayne Gacy: el auténtico Pennywise

Sin duda, una de las mejoras novelas de Stephen King (con sus luces y sombras, obviamente) es IT.

Llevada a la pequeña pantalla en 1990 con la miniserie del mismo nombre que dirigiera Tommy Lee Wallace, en 2017 se estrenó en el cine la primera parte del remake dirigido por Andrés Muschietti, del que se estrena su segunda parte ahora, en septiembre. Y, cómo no, todo un éxito, igual que lo fuera la novela de Stephen King en su momento.

John Wayne Gacy

Todos conocemos al protagonista principal de la historia: el payaso Pennywise. Un ser terrorífico que, cada veintisiete años, vuelve a la pequeña localidad de Derry para alimentarse del terror de sus habitantes más pequeños, siendo que un grupo reducido de críos autodenominado el “Club de los Perdedores” decide hacerle frente, derrotándolo finalmente. Sin embargo, el Club de los Perdedores tendrá que reunirse ventisiete años después de nuevo, ya como adultos, para enfrentarse a un terrible payaso que, tras esos simbólicos veintisiete años de tétrica y latente hibernación, vuelve al sombrío Derry para saciar su hambre de maldad y, de paso, cobrarse venganza.

Obviamente, y aunque los integrantes del Club de los Perdedores deberían ser los protagonistas principales de la historia (véanse las evidentes similitudes de los protagonistas infantiles de Stranger Things con los de IT), lo cierto es que Pennywise es quien aúna todo el protagonismo, convirtiendo en secundarios al resto ante la potencia de su maléfica figura de diabólico payaso.

Y es que Stephen King ya habló del “terror de las cosas cotidianas” como una de las claves del éxito de sus libros, y, desde luego, en los ochenta no había nada más cotidiano e inocente en la vida de un niño que la figura del payaso de circo (hoy no tanto, por cierto). De hecho, el famoso Ronald McDonald vivía por aquellos años su máximo esplendor, como icono más reconocible de la famosa franquicia de hamburguesas. Y, cómo no, la imaginación del escritor de Maine vio ahí un nicho para crear una de sus mejoras obras y, amigo, bien que la aprovechó.

Sin embargo, a pesar de lo que muchos piensan, King no se inspiró en el payaso de las hamburguesas (al menos de forma directa), sino que lo hizo en otra figura más inquietante, más aterradora: John Wayne Gacy.

John Wayne Gacy era, en la década de los setenta, el perfecto vecino. A pesar de haberse casado dos veces, Gacy era un tipo especialmente trabajador, además de comprometido con la comunidad: fue gerente de un Kentucky Fried Chicken; también fue contratista de obra; vendedor de zapatos en Springfield, Illinois; encargado de departamento en la empresa de zapatos Nunn-Bush; y, sobre todo, en su escaso tiempo libre, hacía de payaso con fines sociales bajo el nombre artístico de “Pogo el payaso”.

Payaso pintado por Gacy

Efectivamente, John Wayne Gacy colaboraba con diferentes obras sociales en desfiles y fiestas para niños vestido de payaso, sin que nadie pudiera llegar a imaginar el auténtico monstruo que se escondía tras la grotesca pintura que ocultaba el auténtico rostro del mal.

Quizás, por ser hijo de un alcohólico que descargaba toda su furia sobre su esposa e hijo (también vemos aquí una clara relación con una de las novelas más conocidas de Stephen King: El resplandor), la cabeza del pequeño Gacy se comenzó a pudrir desde muy pronto, lo que le llevó a cometer treinta y tres asesinatos con connotaciones sexuales, siendo las víctimas de todos ellos jóvenes muchachos.

John Wayne Gacy fue un verdadero depredador, un asesino en serie que alimentó sus fantasías y apetitos sexuales entre los años 1972 y 1978. Sí; en solo seis años cometió los terribles crímenes por los que fue condenado a muerte el 13 de marzo de 1980, siendo ejecutado por inyección letal el 10 de mayo de 1994. Durante su estancia en prisión, se dedicó a pintar al óleo, siendo su tema favorito los payasos, los cuales eran el recurso habitual en sus cuadros, muchos de ellos convertidos en verdaderos fetiches para famosos que los fueron adquiriendo en diferentes subastas.

Apenas dos personas sobrevivieron al ataque de Gacy. Una de ellas fue Jeffrey Regnall, quien relató cómo, tras recogerlo Gacy en la calle con su coche, se abalanzó sobre él con un pañuelo impregnado de cloroformo, recordando después solo la imagen de un payaso desnudo que utilizó con él lo más variado en juguetes sexuales mientras lo torturaba, lo que le dejó secuelas de por vida. No se sabe cómo, Regnall apareció con vida junto a la estatua de Lincoln Park, en Chicago, vestido y herido, pero con vida.

Cuando fue detenido en 1978, la mayoría de los cadáveres fueron encontrados en la casa del payaso, en Norwood Park Township, condado de Cook, Illinois. Los investigadores descubrieron una auténtica casa de los horrores, donde Gacy perpetró sus macrabos crímenes sexuales con hasta críos de catorce años. Algunas de las víctimas nunca pudieron ser identificadas; restos de otras víctimas fueron hallados repartidos en diferentes lugares de Illinois, incluyendo el garaje de la casa de la madre de Gacy.

Si no conocías la historia de John Wayne Gacy, ahora, cuando leas IT o veas las películas basadas en el libro de Stephen King, probablemente sientas auténtico terror, ya que sabrás a ciencia cierta que el mal más terrorífico existe en la realidad; incluso hasta vestido de payaso.


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