“Para leer al anochecer: Historias de fantasmas”, o el Dickens más terrorífico

Ahora que se acercan las Navidades, es buen momento para leer algo de Charles Dickens. Sin embargo, quizá estés pensando en su famosísimo Cuento de Navidad; pero no, no me refiero a esa obra tan conocida del escritor británico.

Para leer al anochecer: Historias de fantasmas

Efectivamente, la inmensa mayoría conoce al Dickens de Cuento de Navidad, Oliver Twist o David Copperfield, pero quizá desconoce la faceta más tétrica del autor más emblemático del realismo victoriano, en la que los relatos de espíritus y fantasmas ocupan un importante espacio en su obra.

Sí, es cierto que en Cuento de Navidad ya tenemos una buena dosis de literatura fantástica; pero nos quedaríamos cortos si redujéramos el universo de Dickens en ese terreno al de los tres fantasmas que atormentaran al bueno de Ebenezer Scrooge. Así, El fantasma en la habitación de la desposada, El guardavías, Fantasmas de Navidad o El Capitán Asesino y el pacto con el Diablo son, entre otros, algunos de los relatos de terror más desconocidos del escritor de Portsmouth, pero no por ello menos deliciosos, siempre envueltos en el encanto y la magia de una época victoriana tan dada a ese tipo de historias.

Hasta trece de ese tipo de relatos, perfectos para leer en las frías noches de invierno que el recogimiento de las Navidades prometen, podemos encontrar en una pequeña joya que publicara, allá por el 1 de noviembre de 2009 (fecha ideal para estas lides) la editorial Impedimenta, bajo el descriptivo y sugerente título de Para leer al anochecer: Historias de fantasmas, y tras el cual se nos recopilan y ofrecen trece pequeñas joyas de terror gótico en sus 236 páginas que se devoran en un abrir y cerrar de ojos.

Ya lo sabes: si quieres profundizar en el universo de Dickens, más allá de sus obras más conocidas, no puedes dejar de leer este pequeño recopilatorio de sus relatos más aterradores.

¡Ah!, por cierto que existe otro recopilatorio de relatos de terror de más reciente publicación por otra editorial de más, digamos…, renombre. Sin embargo, como muchas veces ocurre con esas grandes editoriales, a las cuales no les da la real gana de apostar por ediciones digitales y solo publican en papel, pues habrá que hacerles saber de alguna forma que los lectores tenemos derecho a poder elegir entre formatos, por lo que omito su nombre y edición.


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