"Drácula" de Netflix: una serie no apta para los más puristas

Como ya mencionaba en el artículo que publiqué la semana pasada, Netflix ha estrenado una nueva versión del clásico de Bram Stoker Drácula.

Drácula

De la mano de la BBC (una verdadera pena comparar la mediocre y siempre repetitiva producción de nuestra televisión pública en comparación con la británica), Netflix nos sirve la primera temporada del, quizá, más versionado personaje del terror gótico, con tres episodios de hora y media cada uno que, al final, te saben a poco, y ello a pesar de que cuando comienzas a ver el primer episodio te da la sensación de que estás ante una tomadura de pelo para adolescentes. Sin embargo, a medida que vas avanzando en la historia, terminas por darte cuenta de que la trama te ha atrapado.

La serie comienza con una escenografía que podríamos considerar clásica, acorde más bien a la ambientación de la novela de Stoker, aunque apuntando unas originales maneras que nos anuncian que nos va a proponer algo diferente. Así, el primero de los tres episodios (Las reglas de la bestia) se desarrolla en la vieja Europa, con el escenario clásico de un lóbrego y laberíntico castillo del conde Drácula en el que el joven abogado Jonathan Harker irá descubriendo que su cliente y anfitrión es mucho más que un anciano noble de la Europa más profunda interesado en comprar una propiedad en Inglaterra por la atracción que siente hacia el cosmopolitismo de su capital. Sin embargo, en este primer capítulo, y desde el minuto uno, ya encontramos una primera pincelada gamberra de la serie en la que Mark Gatiss y Steven Moffat introducen la figura de una deslenguada y poco creyente monja que, curiosamente, resulta ser una Van Helsing, convirtiénsode en personaje fundamental en el desarrollo posterior de la historia, cuyo eje y objetivo principal será la deconstrucción del mito de Drácula mediante una serie de argumentos racionales que se irán desgranando en los siguientes dos capítulos.

Drácula

El segundo episodio (Navío sangriento) nos sumerge en el viaje de Drácula en barco desde Transilvania a Inglaterra, trayecto en el que el conde sacia su sed de sangre a costa de una variada y multicultural tripulación que, de paso, le sirve para absorber los conocimientos de sus víctimas, con lo que Drácula se nos muestra como algo más que un diabólico ser que solo busca chuparle la sangre a los infelices mortales. Sin embargo, la atribulada y menguante tripulación del navío decide hacer frente al monstruo que les acecha en la oscuridad y la soledad del nocturno mar, consiguiendo derrotarlo (aunque solo en apariencia) frente a la costa inglesa al hundir ellos mismos el barco con el vampiro dentro.

Y, ciento veintitrés años después del suceso del hundimiento del barco, la aparente derrota de Drácula se revela como una pretenciosa quimera. Efectivamente, el conde resurge del fondo del mar, donde durante todo ese período dormitó dentro de un ataúd que contaba con tierra de su Transilvania natal, lo que nos introduce en el tercer y último capítulo de la serie (La brújula tenebrosa), el cual se desarrolla en la actualidad, lo que nos permite disfrutar con una serie de golpes de humor bien traídos que son consecuencia del desfase temporal que experimenta Drácula después de haber estado más de un siglo bajo el mar. Especialmente graciosa es la escena de la nevera, aunque no menos interesante la profunda disertación que hace Drácula acerca de la poco ponderada y valorada suerte que tenemos hoy día al disponer de una serie de comodidades que, un siglo atrás, solo hubieran estado al alcance de reyes y príncipes, alarde de profundidad que abunda en este último episodio mientras van desmontándose uno a uno los mitos más populares en torno al vampirismo, precisamente de la mano de un Van Helsing en femenino, descendiente de aquella monja que apareciera y nos sorprendiera en el primer episodio.

En fin, una serie que podríamos tildar de “rara”, pero que, sin embargo, engancha a pesar de la duración de cada capítulo, quedándote con ganas de más después del último episodio. Todavía no se sabe si habrá una segunda temporada, aunque, sin duda, sería una excelente idea el ver cómo evoluciona este Drácula que, al estilo de la serie de novelas de Anne Rice que inspiraran la película Entrevista con el vampiro, resulta bastante más refrescante que versiones precedentes, con permiso, eso sí, de los más puristas en el género, quienes a buen seguro tendrán algo que decir al respecto, sobre todo con respecto al papel de una Dolly Wells que, la verdad, podría haber estado mejor.


2 respuestas a “"Drácula" de Netflix: una serie no apta para los más puristas

  1. Concuerdo contigo. No entiendo el hate a la serie y en especial al tercer episodio. He leído la novela y me encanta, pero aun con las libertades creativas que se tomaron, creo que la serie funciona bien.
    Me encanto la personalidad descara y divertida del conde, así como el cambio de genero de Van Helsing, pues el enfrentamiento entre estos enemigos fue más de ingenio que de fuerza muscular como se ha manejado en otras adaptaciones. Si la recomiendo.
    Saludos!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .