“El último hombre”, de Mary Shelley

Si te has leído Frankenstein (y si no los hecho, deberías hacerlo), seguro que te suena de algo Mary Shelley. Sin embargo, hay mucho más allá en la obra de la escritora británica.

El último hombre

Y es que, en los tiempos de pandemia que nos ha tocado vivir, quizá sea este el mejor de los momentos para descubrir algo más de esta autora victoriana, especialmente una novela que viene que ni pintada ahora mismo: El último hombre.

Quizá los menos leídos consideren que eso de los escenarios postapocalípticos y de aterradoras distopías es algo de los tiempos modernos; sí, algo que solo se le ha podido ocurrir a los guionistas de The Walking Dead o a los de alguna que otra serie de televisión de las que pululan por esas plataformas de Dios. Sin embargo, historias sobre pandemias y sus consecuencias tenemos en la literatura para llenar un tren de mercancías, como es el caso de la novela de Mary Shelley que nos ocupa hoy.

Ante todo, hay que incardinar El último hombre dentro de la época en la que se movía Shelley y los autores de su tiempo: el romanticismo. De ahí que la novela presente unos tintes, digamos, “melodramáticos” que, quizá, si leíste Frankenstein te sorprendan un tanto (o tal vez no, ya que la novela cuyo protagonista era el monstruo creado por el doctor Frankenstein no estaba exenta de esos mismos tonos que caracterizan a El último hombre), lo cual, por lo demás, no debe entenderse como un reproche o algo por el estilo, sino todo lo contrario, ya que es eso precisamente lo que dota a la mayoría de los relatos de la escritora británica de ese encanto tan propio de lo que se ha dado en llamar “romanticismo oscuro”.

Bueno, pues yendo al tema, El último hombre nos narra una trama que se sitúa en el tramo final del siglo XXI, con dos partes en la novela muy diferenciadas por el tono: una primera en la que se nos muestra como una historia costumbrista de la sociedad británica de la época, en la que los personajes se mueven en una rutinaria sociedad llena de ideales y sentimientos patrióticos en la que priman los valores morales de la época; y, una segunda, en la que todos los anteriores convencionalismos sociales se va al traste, como consecuencia de una epidemia que, precisamente, acabará con la civilización. Así, con esas dos partes tan claramente diferenciadas, Mary Shelley instruye un relato perfecto que nos muestra la dicotomía que más aterra a todo ser humano: una sociedad civilizada llena de seguridades y certezas que, sin embargo, resulta ser tan frágil como el papel de fumar cuando se la confronta a un acontecimiento devastador.

Mary Shelley

Aunque lo de menos sea el que en la novela se describa la pandemia como una “peste procedente de Asia” (ya es casualidad, ¿eh?), lo cierto es que nos va a poner frente al espejo, más o menos distorsionado, de la realidad que vivimos hoy día. Efectivamente, porque, más allá de esa anécdota acerca del origen de la enfermedad (algo que, sin embargo, ya se está convirtiendo en habitual), lo importante del libro es que todas las miserias morales de la civilización y los pretendidos problemas que nos acucian en el día a día (los cuales quedan reflejados en el primer tramo de la novela) palidecen ante la catástrofe (segundo tramo) que se lleva por el sumidero una artificiosa arquitectura social que se demuestra de cartón piedra.

Aunque Frankenstein sea el libro más conocido de Mary Shelley, sin embargo El último hombre quizá (o sin el “quizá”) sea bastante mejor; o, al menos, más elaborado. Y es que la autora británica escribió esta novela en un momento de su vida en el que el cúmulo de desgracias vitales y familiares terminaron reflejándose en esta ella, por lo que plasmó a la perfección la angustia que produce la pérdida de los seres queridos y su recuerdo en la memoria en forma de esos buenos momentos que ya jamás han de volver, lo cual lleva a cabo con un lenguaje y descripción de los sentimientos humanos que, se nota, no sale de su imaginación, sino de sus entrañas mismas.

En fin, y como siempre ocurre con los buenos libros, la crítica fue bastante dura con El último hombre, lo que sumió a Mary Shelley en una profunda tristeza, sin llegar a comprender el porqué de que la acusaran de “crueldad” y excesiva “fantasía” por la historia que narraba en su relato, algo que, sin embargo, los años han venido a demostrar que, no solo es posible, sino que resulta más que probable.

Pues nada, ya tenéis otra lectura para estos días, la cual está disponible en Amazon (lamentablemente solo en papel). Una lectura que, a pesar de la trama, te va a resultar mucho más sesuda y profunda de lo que te imaginas. Lo cierto es que te hará pensar; ya lo verás.


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