40 años de la muerte de Hitchcock

El pasado 29 de abril se cumplieron cuarenta años de la muerte del considerado como “maestro del suspense”: Alfred Hitchcock.

Alfred Hitchcock

Para los apasionados del suspense no cabe duda de que Hitchcock es el icono por excelencia en este género, autor de títulos tan inolvidables como Los pájaros, Rebecca, Psicosis, Encadenados, La ventana indiscreta o Yo confieso, entre otros muchísimos títulos que escalan hasta la cumbre de una larguísima filmografía en la que no solo destacó como director, sino también como productor y guionista de bastantes de sus propias películas.

Con tres etapas claramente diferenciadas en su carrera (la alemana, la inglesa y la americana), la más conocida, sin duda, es la que desarrolló en Hollywood, de donde surgieron sus dos más grandes y exitosas obras maestras: Psicosis y Los Pájaros. Sin embargo, su etapa alemana es la gran desconocida, pero quizá la que podamos considerar como la más importante, ya que marcó toda su filmografía posterior.

Comenzando con esa primera etapa, indicar que, en realidad, al catalogarla con el adjetivo de “primera” no se sigue ningún criterio cronológico, ya que esta se alterna y solapa con la inglesa en diferentes espacios temporales. Así, bien al contrario, su carrera en el cine comenzaría en el Reino Unido, con una serie de aventuras más o menos fracasadas, a caballo como empleado de la sucursal británica de la productora y distribuidora americana Famous Players-Lasky y algunos intentos por establecerse de forma independiente que no terminaron de cuajar; aventuras que, no obstante, constituyeron la chispa que prendió la pólvora de su carrera hasta llevarle a trabajar en los estudios de la Gainsborough Pictures en el Reino Unido, estudios donde, precisamente, entró en contacto con el cine alemán.

Efectivamente, en 1923, gracias a un acuerdo entre Gainsborough Pictures y los estudios alemanes de la Universum Film AG, Hitchcock viajó a Alemania y entró en contacto con el, por aquel entonces, todopoderoso cine mudo alemán, llegando a estar presente en el mismo estudio en el que se rodara la mítica película Metrópolis de Fritz Lang. Desde entonces, el expresionismo alemán marcó la forma de interpretar el cine por parte del director británico y que se resumirá en una de sus frases más definitorias en este sentido:

“La realidad no importa si la ilusión es efectiva”.

Los pájaros

¿Que qué demonios es eso del “expresionismo alemán”? Pues sin ánimo de enrollarme explicándolo, basta con ver una película de Hitchcock y sus decorados, que parecen (o sin el “parecen”) de cartón piedra, así como los planos. En resumen, lo que importa es lo que nos transmite la historia, aunque el paisaje de fondo se note que esté pintado o que pudiera parecerte que el primer plano del actor en una escena es excesivo. Sí, eso es el expresionismo alemán: que estés tan metido en la historia que el atrezo te importe un carajo.

Pero si la época alemana de Hitchcock es la gran desconocida en su carrera (destaca en esa etapa The Lodger: A Story of the London Fog), la inglesa tampoco le va a la zaga para el gran público. En efecto, quizá solo se conozcan títulos de la época inglesa del director por los remakes que él mismo haría cuando triunfó en Hollywood, como fue el caso de El hombre que sabía demasiado, película de 1934 que, años después, tuvo su más famosa versión americana con James Stewart y Doris Day como icónicos protagonistas. Pero será en esta etapa inglesa cuando Hitchcock haga su desembarco en el cine sonoro con La muchacha de Londres, un cine que permitirá que el director británico explote al máximo todas las posibilidades que bullían en su cabeza y que, desde luego, el cine mudo le impedía explotar al máximo.

Y llegamos ya a la etapa más conocida y fructífera del maestro del suspense: Hollywood.

Esta etapa se inicia con Rebecca, la cual comienza su rodaje un 8 de septiembre de 1939 bajo la producción de David O. Selznick. La película, de no haber competido con la obra maestra de John Ford Las uvas de la ira, se hubiese convertido en un éxito absoluto, por lo que, a pesar de ganar la cinta de Hitchcock el Óscar a la mejor película, sin embargo se quedó a las puertas del de mejor director, que fue a parar a manos de Pappy (uno de los motes que recibía Ford). En fin, y aunque Hitchcock jamás consiguió el Óscar a mejor director, el casi llegar y besar el santo en su primer trabajo en Hollywood le supuso un reconocimiento en la práctica que lo encumbró al mito del cine que es hoy.

Los pájaros, La ventana indiscreta, Sospecha, Psicosis, Extraños en un tren, Cortina rasgada, Frenesí (me encanta esta película), Vértigo y Yo confieso son algunos de los títulos que pertenecen a esta etapa dorada de Hitchcock, quizá la más emblemática del director británico y la que mejor nos ha quedado grabada en el recuerdo a todos, tanto a cinéfilos como a los espectadores de la tropa sin más pretensiones, por no hablar de buena parte de los directores de cine del género posteriores, como fue el caso de El sexto sentido (M. Night Shyamalan) o de Vestida para matar (Brian De Palma), películas en las que el suspense es el ingrediente fundamental, más allá de otros elementos, y en las que la huella de las influencias de Hitchcock son más que evidentes.

En fin, cuarenta años sin Hitchcock que, sin embargo, pareciera que no han pasado sin él, ya que su alargada (y redondeada) sombra continúa proyectándose hoy en todo lo que huela a misterio, suspense y, por supuesto, terror. No en vano, como él mismo reconocía, uno de sus escritores de referencia siempre fue Edgar Allan Poe.


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