“El erióforo rojo”, de Federico de la Fuente

Hace unas semanas que llegó a mis manos este libro por casualidad. En fin, bendita casualidad, porque me topé con una joya de las que ya escasean: El erióforo rojo.

El erióforo rojo

El efióforo rojo es una novela corta de Federico de la Fuente, escritor aragonés que, aunque novel, ya cuenta en su haber con algún que otro premio y mención. En concreto, la novela que aquí nos ocupa logró una mención de honor en el VII premio de novela corta de terror de la ciudad de Utrera, lo cual, desde luego, fue una de las cosas que me impulsó a leerla; una excelente decisión, por lo demás.

La historia que nos propone Federico de la Fuente es un relato de terror psicológico ambientado en un pequeño pueblo de la España rural en el que se refugia la protagonista (Ángela), quien sufre un trastorno de personalidad por evitación (básicamente, una especia de fobia social) que tratará de superar en una casa de pueblo heredada de su familia. Allí se dedicará a la fotografía, la pintura y a la botánica, pasión esta última que la llevará a estudiar y catalogar los diferentes especímenes de la flora rural que irá encontrando durante sus paseos diarios por los caminos de los alrededores. Asimismo, el cuidado de sus dos mascotas (un gato y un autillo) consumirá el resto de las jornadas diarias de un retiro voluntario que discurrirá con la cadencia propia de la vida en el campo.

En fin, pareciera que ese retiro terapéutico fuera dando sus resultados, hasta el punto de que Ángela notará que su fobia social comienza a mejorar. Sin embargo, como en todo buen relato de terror que se precie, lo que parece encerrar paz, sosiego y seguridad también albergará esos miedos que se agazapan en lo cotidiano, como depredadores que acechan a una indefensa y confiada presa. Así, en uno de esos paseos por el campo, Ángela descubrirá una especie de erióforo que, en lugar de blanco, resultará ser rojo, hallazgo que, al principio, no despertará en ella más interés que el lógico en una aficionada a la botánica que cree haber descubierto un nuevo ejemplar hasta entonces todavía no catalogado por la ciencia. Sin embargo, el interés dará paso a la obsesión con el transcurrir de los días, al tiempo que las inseguridades del pasado volverán a cercar a una Ángela que irá naufragando día a día en el terror.

Y hasta ahí voy a contar, ya que ahora te toca a ti leer esta novela corta que, personalmente, considero una obra maestra del terror psicológico. Y digo eso porque, nada más comenzar con su lectura, el autor te va llevando en volandas a través de una prosa que más parece un trabajo artesanal de orfebrería, algo que no es baladí en los tiempos que corren, donde la simplicidad parece reñida con la buena literatura. En efecto, Federico de la Fuente traba un relato con cuidado y delicadeza, pero sin desviar ni un ápice al lector de la trama principal, transmitiendo como pocos esas sensaciones y recuerdos que habitan en todos y cada uno de nosotros y que el autor explota en favor del relato de forma magistral. ¿Recuerdas esas sensaciones que te transmite el pueblo de tus padres? Me refiero a esos aromas, sonidos y silencios que habitan en tu memoria y que afloran cada vez que rememoras esos momentos de la infancia en el pueblo y que quedaron grabados en tus recuerdos como a fuego sobre la madera vieja. Sí, a esos momentos que ahora mismo comienzan a desparramarse sobre tu memoria como denso aceite. Sí, a esos momentos me refiero; pero también a esos miedos e inseguridades que de tanto en cuando estremecen tu monótono transcurrir, como si te precipitases hacia el fondo de un precipicio sin asidero alguno, arrastrado por una fuerza gravitacional que no son más que los fantasmas de tu pasado.

Pero decir lo que he dicho me parece hasta poco para describir cómo el autor es capaz de transportarte hacia lo más profundo de la historia que nos narra, hasta el punto de que tus cinco sentidos pareciera como que fueran capaces de captar las mismas sensaciones que la protagonista, Ángela. Y, la verdad, no es hablar por hablar ni rellenar por rellenar, sino que El erióforo rojo es una de esas historias que ya solo encuentras en clásicos como Poe, o quizá también en alguno de los relatos cortos de Stephen King, por no hablar de alguno de nuestros clásicos más olvidados, como sería el caso de los Cuentos góticos de Emilia Pardo Bazán a los que ya me referí en otro artículo.

En fin, como habrás podido notar, El erióforo rojo me ha atrapado (como dicen los horteras), lo cual, sin embargo, se queda bastante más que corto. Una pequeña novela que es una auténtica joya y que te lees en una sentada; aunque te recomendaría que lo hicieras de forma pausada, deleitándote con la forma de escribir y de mostrar, que no contar, que tiene Federico de la Fuente, transportándote hacia un desenlace final que, en mi opinión, resulta magistral por ser tan abierto como la locura misma.

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