“Territorio Lovecraft” comienza a decepcionar

Cuando el mes de julio me las prometía muy felices en un artículo que publiqué sobre Territorio Lovecraft, la serie que el pasado mes de agosto estrenaría HBO, no podía imaginar que la cosa se torcería tanto como lo ha hecho.

Territorio Lovecraft

Lo cierto es que el primer episodio de la serie prometía bastante, con una propuesta de lo más interesante y que te dejaba con ganas de continuar apostando por un episodio segundo que te adentrara mas aún en el inquietante universo lovecraftiano. Sin embargo, y como ya apuntaba al principio, el asunto comenzará a torcerse a medida que avancen los capítulos de la serie.

Quizá en un principio las referencias a la cuestión racial (algo más que esperado con Jordan Peele al mando) no resultara en absoluto cargante, sino más bien fresco y hasta didáctico para conocer algo más acerca de una sociedad norteamericana de los cincuenta que siempre se nos ha vendido como algo idílico. Sin embargo, cuando episodio tras episodio la continua lucha racial viene a ser prácticamente el epicentro de la narración, el tema comienza a cansar un tanto por cuanto ya no sabes si te estás adentrando en los vericuetos del terror cósmico de Lovecraft o en una secuela de Arde Mississippi. Al respecto, hasta he llegado a pensar que ello se deba a una especie de desquite racial de Peele con el malogrado Lovecraft, a quien se le ha criticado que, en sus inicios, su obra rezumara cierto, digamos, “supremacismo blanco”. En fin, a saber lo que se cocía en la cabeza del creador de la serie y si, en efecto, estaba buscando un ajuste de cuentas con el escritor norteamericano.

Pero además, está el tema de los efectos especiales, los cuales son más propios de un producto de serie B (donde no se repara en sangre y vísceras como si no hubiera un mañana) que de un producto de la calidad que se espera de HBO. Sí, al principio resulta impactante el tema de la sangre y las vísceras por doquier en alguna escena que no te esperas, pero cuando ello se convierte en un recurso recurrente, la cosa ya empieza a cansar, hasta el punto de que la supuesta trama principal y que debería ser el hilo conductor queda en un segundo plano, lo que provoca que comiences a perder todo interés en ver el siguiente episodio; ni tan siquiera la extraña incursión de la serie en uno de sus capítulos en la guerra de Corea, así como en una de las aterradoras leyendas de la cultura de aquel país, hace que recuperes el interés por esa pretendida trama principal, ya que ello, en realidad, lo que consigue es el efecto contrario: tu interés se concentra únicamente en saber cómo acabará la historia de ese episodio en particular, olvidándote totalmente de lo que va la serie en su conjunto.

Y en fin, la evolución de la serie parece que no va a mejor, ya que, más que una serie de terror, parece que derrota hacia una historia de aventuras en plan Buffy, cazavampiros, aunque con sexo, mucha casquería y, por supuesto, tensión racial a espuertas. Una pena, la verdad.


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