“El diablo sobre ruedas”, Steven Spielberg, Joe Hill, Stephen King y, como guinda, Richard Matheson

Leyendo Por los aires, editado por Stephen King y Bev Vincent, me encuentro con que una de las historias cortas que componen el libro es de Richard Matheson, autor cuyo nombre puede ser que desconozcas, pero desde luego no su obra y su influencia en otros autores, como es el caso del mismísimo Stephen King.

Road Rage

Sí. Richard Matheson fue un escritor estadounidense de fantasía, terror y ciencia ficción cuyo nombre posiblemente te suene a chino. Sin embargo, si te hablo de Soy leyenda, de El increíble hombre menguante, de La dimensión desconocida y, sobre todo, de El diablo sobre ruedas, por no hablar de Expediente X, quizá tu interés por este autor aumente varios enteros, hasta el punto de que terminarás por darte cuenta de que, si eres un friki del mundillo que nos ocupa en este blog, tienes que ponerte al día con la obra del tal Matheson.

Recuerdo la primera vez que vi la película El diablo sobre ruedas (Duel, en su título original) de Steven Spielberg y la impresión que me provocó. Por aquel entonces yo era un crío, en aquellos días en los que eso de los horarios infantiles y el control paterno de los contenidos era algo prácticamente de otro planeta en nuestro país. Pues bien, el caso es que me impactó de tal forma que, años después, cuando apareció el VHS, me la grabé de la tele y llegué a fundir la cinta de los cientos de veces que me la puse, tal vez con el vano objetivo de desentrañar quién narices podía ser el condenado camionero que perseguía al protagonista de la película por las desérticas carreteras del sur de los EE.UU., en esa agónica carrera por la supervivencia del bueno de David Mann en la que siempre tenía pegado al culo al psicópata sin rostro al volante de un tan aterrador como oxidado Peterbilt 281. Hoy, ya en formato digital, la película de Spielberg me la vuelvo a ver de vez en cuando, experimentando exactamente las mismas sensaciones que aquella primera vez que la visioné con apenas (creo recordar) diez años por la segunda cadena de TVE un sábado por la tarde.

Entre la primera vez que vi la película y la actualidad ha llovido mucho, y entre medias han caído en mis manos bastantes libros, de entre los que destacan los escritos por Stephen King, el cual considero mi autor de cabecera. Pero también han pasado ante mis ojos bastantes películas del género (El increíble hombre menguante, por ejemplo), así como capítulos de La dimensión desconocida y, por supuesto, de Expediente X, corolario de historias que siempre me han atraído como la luz de una bombilla a los mosquitos en mitad de la noche. Y lo cierto es que, sin darme cuenta, entre todas esas historias, ya en papel ya en audiovisual, había un nexo de unión tan imperceptible como fuerte que siempre conducía a un punto de partida común cada vez que volvía a ver El diablo sobre ruedas, como si de una vuelta al hogar se tratara, nexo que descubrí, como en una revelación bíblica, cuando me enteré de que el autor del relato corto en que se inspiró Spielberg para hacer su película no era otro que Richard Matheson.

El diablo sobre ruedas

A partir de ese momento todo comenzó a encajar, como cuando caí en la cuenta de que en la serie de Chris Carter había un personaje recurrente en diferentes capítulos llamado Richard Matheson, así como cuando descubrí que el libro Cell, de Stephen King, estaba dedicado precisamente a Matheson. Sí, el círculo se cerraba, completándose su mágica circunferencia cuando me enteré de que Matheson también fue guionista de La dimensión desconocida y autor en 1957 de una novela que se llevó al cine años después bajo el título de El increíble hombre menguante. Vaya que sí, todo empezaba a cobrar sentido, como cuando Stephen King declaró en una entrevista que una de sus mayores influencias fue Richard Matheson y su universo de terror, fantasía y ciencia ficción, prueba de lo cual fue Throttle, de 2012, un homenaje de Stephen King y su hijo, Joe Hill, a Matheson y su relato Duel en el que se inspirara Spielberg para su mítica película, aunque en la novela de los King la víctima propiciatoria del camionero psicópata no será un viajante de clase media americana, sino un grupo de curtidos motoristas.

En fin, y echando la vista atrás, siempre me ha resultado curioso el observar cómo un simple chispazo de la infancia, cuando me quedara pegado al sofá de escay de mi casa viendo por primera vez El diablo sobre ruedas, encendió con los años mi actual pasión por el género del terror, la fantasía y la ciencia ficción a través de los vericuetos que Stephen King fue hilvanando en mi imaginación, sin darme cuenta de que el gusto por el género no tenía más origen que en las historias que pergeñara un tipo del que jamás había oído hablar hasta hace unos años y que, sin embargo, encauzó mi pasión por lo desconocido sin ser consciente de ello.

No sé si a ti te habrá ocurrido algo parecido, o si ni tan siquiera viste El diablo sobre ruedas, lo cual me parecería difícil si has llegado hasta mi blog. Sea como fuere, y si no has visto la película, te la recomiendo; descubrirás una serie de lugares comunes en tu memoria que, desde luego, te resultarán más que familiares.


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